“Cualquier política dirigida directamente a un ideal de justicia distributiva, es decir, a lo que alguien entienda como una distribución «más justa», tiene necesariamente que conducir a la destrucción del imperio de la ley porque, para poder producir el mismo resultado en personas diferentes, sería necesario tratarlas de forma diferente. Y ¿cómo podría haber entonces leyes generales?” – Friedrich Hayek
El padre ideológico de los autores de la reforma laboral que tendremos en nuestro país, afirmaba que las ideas socialistas eran el origen de los totalitarismos. Según su visión cuando se toman decisiones en pos del bien común, la/s persona/s que planifican la economía y la redistribución cometerán errores por no contar con información suficiente sobre la perfecta maquinaria de mercado, por lo que indefectiblemente terminarán por ser reemplazados por un liderazgo fuerte que centralice la toma de decisiones y garantice las acciones distributivas. Para Hayek toda búsqueda de justicia social termina por someter y destruir toda libertad individual. Ese es el camino a la servidumbre y a la destrucción del imperio de la ley para toda esa escuela de pensamiento. ¿Qué ley? La original, el primer contrato.
La ficción fundacional
Como bien supo interpretar Foucault, toda ley, en tanto forma de saber (jurídico, es una herramienta más para legitimar un régimen de poder específico. El contrato social que da origen a los Estados modernos occidentales no es la excepción. Locke, muy a tono con su época y con el poder de la incipiente burguesía y sus propiedades, elaboró su teoría contractualista sobre tres pilares; igualdad, libertad y propiedad privada. Una ficción fundacional que pretendía que todas las personas sean iguales ante le ley, para poder explotar en libertad sus propiedades privadas. Que no todos hayan tenido propiedades privadas que explotar, y que le siguiera el incremento y la acumulación de propiedad privada burguesa, es la desigualdad de facto que se mantiene hasta el día de hoy. Tanto el contractualismo clásico como la escuela económica liberal/neoliberal y el liberalismo político, sostienen desde hace cuatro siglos, que de la riqueza construída por lo dueños de la propiedad privada, deviene el desarrollo, el crecimiento y la riqueza de todo el conjunto social. Si les va bien a los dueños, nos va bien a todos. Si alguien atenta contra los intereses o la propiedad de los dueños, atenta contra el bienestar de todo el conjunto social (me sigue pareciendo surrealista que tantos millones de personas en el mundo hayan internalizado y naturalizado semejante barbaridad, contra tanta evidencia material, e incluso siendo propietarios únicamente de su fuerza de trabajo).
Producto de esa desigualdad de base legitimada en todo Estado de derecho surgieron innumerables resistencias. Las más potentes han sido, son y serán -a mi entender- todas aquellas centradas en la redistribución de la riqueza. Me gustan las categorías desde las que Nancy Fraser piensa al respecto; redistribución, reconocimiento y representación. Para ella lo justo se establece en virtud de la redistribución en primera instancia, aunque muchas luchas también reclamen el reconocimiento de sus identidades como forma de contrarrestar la opresión y dominación cultural, para poder lograr una representación política verdaderamente más inclusiva y plural. Primero la lucha de clase, luego las luchas identitarias, y producto de ambas, una democracia radical. Y esto se va construyendo en la práctica a través de dos tipos de medidas, más o menos efectivas. Por un lado medidas afirmativas, que corrigen injusticias sin tocar el sistema de fondo que las genera, y medidas transformadoras que sí transforman las injusticias estructurales.
La verdadera casta tiene miedo
Si bien le reconozco, a Milei y su grupejo (local y global), la firmeza y persistencia en sus convicciones y la audacia para transformarlas en herramientas prácticas, les reconozco aún más el creer en nosotros (izquierdas-socialismos-wokismo) más que nosotros mismos. La potencia de los feminismos y su cualidad anti hetero-capitalista, conjugó las dos luchas; por redistribución y por reconocimiento. Disputó el sentido sobre las desigualdades de la organización económica y desnudó todas las violencias que implica la heteronorma como forma de control del cuerpo individual y colectivo. La avanzada brutal de las derechas en todo el mundo es una respuesta directa a ese actor político. Creyeron en nuestra potencia más que nosotras mismas. Y se pusieron a la tarea de combatirnos con todos los dispositivos e instituciones. Como venimos compartiendo en cada entrada, el aparato digital dotado de IA es la herramienta que garantiza la globalización de las tendencias regresivas.
Desde esta perspectiva, me resulta evidente la vuelta a condiciones laborales de principios de SXX, la desproporción de hasta eliminar la regulación referida a teletrabajo. El intento es articular dos formas de control; el psíquico con el aparato digital y el físico con las 12 horas de laburo presencial mal pago. Y, por supuesto, esta ya es la realidad de 5 de cada 10 personas económicamente activas en nuestro país. Pero esas mismas legitiman el gobierno de Milei con su voto, no son el sujeto al que apuntan con esta nueva ley. Creo que la reforma está orientada más bien a disciplinar brutalmente a lo que queda de izquierdas, progresismos, wokismo. Saben que no es una trampa eterna, y que no se puede jugar con fuego eternamente al seguir deteriorando las condiciones materiales de vida de millones, pero es útil en el juego de ganar tiempo y manejar la agenda pública, como desde el primer día de su gobierno. Todo para poder cumplir con sus verdaderas agendas, locales y globales; reventar los bienes comunes para el desarrollo de la industria tecnológica estadounidense.
¿Qué vendrá?
Tenemos que pensar en el futuro del mundo del trabajo y eso hoy no puede hacerse sin poner en el mapa a la Inteligencia Artificial. La derechización global está orientada según esos intereses. El avance de la IA es vertiginoso sobre fuentes de trabajo ya existentes, e incierto en términos de creación de nuevos servicios y productos. En dos años esta ley regresiva puede ser obsoleta. Pero desde luego será efectiva para empobrecer y desorganizar a los sectores populares, a las mujeres y disidencias. Pienso en escenarios distópicos, en los que la gobernanza digital con IA termina por ser la mejor opción para millones de cuerpos y psiquis agotadas. Los sectores que siempre tendemos a alguna forma de organización, a pensar en soluciones colectivas frente al colapso institucional y económico, podremos sostener algún grado de entramado o redes para articular contra-propuestas. Pero me preocupan mucho todos aquellos que transiten esta reforma, y las próximas transformaciones del mundo del trabajo, en soledad. Para la redistribución, el reconocimiento y la representación sigue siendo imprescindible un actor social-popular ¿Cómo podríamos convocarlo?
Dudo que sea mediante instituciones clásicas en nuestro país. Me cuesta imaginar a la organización sindical fuera de cuidados intensivos. Si hace quince años ya era necesario implementar transformaciones de fondo para que pudieran ser garantes de la mejora de las condiciones laborales de las mayorías, mal pueden ahora vehiculizar ninguna resistencia. El descrédito se lo ganaron a fuerza de rosca y beneficios exclusivos de las cúpulas. Salvo contadas excepciones, vinculadas más a la nostalgia que al futuro, la mayoría de las y los trabajadores que abonamos cuota sindical no sentimos protección sino más bien traición. Y las instituciones formales político-partidarias, también salvo muy contadas excepciones, ya no sabría ni definirlas por fuera de la Real Politik, de sus negociaciones y su pragmatismo totalmente disociado de ese actor político a convocar. Si hasta parece que la única estructura partidaria que crece y se consolida es La Libertad Avanza…
Esta reforma será ley. Es la foto del estado de las relaciones de poder actuales. Pero, por supuesto, la foto cambia, siempre cambia. Y estoy convencida de que a partir de Milei, pueden darse condiciones para una radicalidad por izquierda. Sólo espero que podamos sostenernos en el entretanto, para poder identificar, cuidar y hacer crecer esas condiciones. Ya lo hemos hecho antes, cada vez que nos juntó el espanto.


